Goles Ricos Vs Goles Pobres

Por: «El Cheverísimo» Luis Alfonso Galeano S. – La Escuela Deportiva

Emanuel juega fútbol en uno de los principales clubes de la ciudad; con todas las comodidades. Su familia es adinerada y lo apoya en todo. Le compran botines “Guayos”, de las más reconocidas marcas y uniformes de la mejor calidad. Así mismo, lo acompañan a los entrenamientos y competencias y le brindan muy buena alimentación.

En dicho club, hay un gran número de integrantes con condiciones similares y por supuesto, al estar en la ciudad y en un club de alta competitividad, tienen grandes oportunidades de surgir y llegar al profesionalismo.

Emanuel y sus compañeros de equipo disputan los partidos en canchas sintéticas y naturales de óptimas condiciones, juegan con los mejores balones y todo lo tienen a su alcance.

Tristemente, muchos de estos niños que la vida les pone todo a su merced, no aprovechan la oportunidad y terminan retirándose o no trascienden por falta de espíritu y compromiso.

 

A pocos kilómetros de distancia, vive Andrés, un niño de la misma edad de Emanuel, pero con unas condiciones totalmente diferentes.

Andrés, al igual que los niños de su barrio, viven en una condición de extrema pobreza, y si no tienen recursos para comer, vestir y contar con unas comodidades mínimas, mucho menos para cumplir sus sueños de jugar al fútbol en un campo adecuado, juegan con una pelota vieja, con el cuero averiado y ya ni se ve de qué color era cuando estaba nuevo.

Sus guayos o botines son la gruesa capa de mugre que cubre sus pies descalzos, ya que si no les es posible calzar unos zapatos para ir a la escuela, mucho menos van a tener la dicha de calzar unos botines de fútbol.

Juegan en un pantanero que no les deja rodar el balón, ni les permite hacer sus gambetas y  filigranas.

Sus padres no los acompañan ni los animan, porque no tienen ni siquiera una tribuna y no pueden trepar a la barranca que bordea la cancha.

Solo los acompañan los perros callejeros, que se meten al terreno de juego a perseguirlos para morderlos o para tratar de arrebatarles el balón y juguetear con el.

Sin embargo, se entregan con amor y aprovechan lo poco o nada que tienen a su disposición para disfrutar del deporte que más aman. Estos niños representan la humildad de tantos jugadores profesionales que han surgido de la nada y que han sabido valorar lo que el destino les ha dado.

 

La diferencia de oportunidades entre los jugadores ricos y los pobres es notoria y se presenta a nivel mundial, los primeros juegan más cómodos y tienen todo lo necesario para practicar su deporte favorito, en cambio los niños pobres, solo acuden al amor y espíritu de superación.

Pero en el fútbol hay algo que nunca marcará diferencias económicas ni de clases sociales y se llama GOL. Sea un jugador pobre o rico, alto o bajo, negro o rubio, gordo o flaco; la emoción, la pasión, el sentimiento siempre será igual; la sangre hierve para todos por igual, quienes están a su lado celebrarán con la misma alegría; aunque unos tengan pitos, vuvuzelas y tambores para tocar y otros solo sus palmas para aplaudir y su boca para gritar y silbar.

Los goles pobres y los goles ricos no existen.

Los goles siempre tendrán un mismo valor emocional para todos.

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